Por Yurani Rivera
Salí de Medellín a las 5:30 p.m. rumbo a Ipiales, donde llegué a la 1 p.m. del día siguiente. Tomé un colectivo hasta la frontera, donde hice las respectivas diligencias. Luego, ahí mismo, fui a almorzar en un lugar que pintaba muy bien. Allí conocí a unos chicos de Armenia que viajaban hacia Guayaquil a trabajar. En un dos por tres nos hicimos amigos (sobre todo de uno, el mayor de los tres, el cual al guiarlos parecía un papá). Tomamos juntos un taxi hasta Tulcán y luego el bus hacia Quito, recorrido que duraría seis horas, entre las 3 p.m. a 9 p.m.
















