Testimonio

Me gustan los atardeceres de Lima. Son, tal vez, uno de sus mayores atractivos, aunque no aparezcan en las guías de viaje ni se mencionen en las revistas especializadas.
No me había percatado de su presencia en las primeras tardes veraniegas hasta que, cualquier día de enero del verano pasado, tomé un bus en la avenida Benavides y mientras atravesaba Miraflores para llegar al distrito de Magdalena, notaba cómo los rayos del sol salpicaban las fachadas de los edificios y un tono rojizo le daba al ambiente una curiosa atmosfera marciana.
“¡Qué mostro!”, dicen los limeños cuando algo les sorprende.
Habíamos acabado de pasar un invierno muy frío, de esos en los que la temperatura de la ciudad desciende hasta los 13 grados y la humedad penetra hasta por las rendijas de las bóvedas de los bancos. La gente dejaba abrigos y chaquetas en el armario y empezaba a salir más destapadita. Varias chicas se paseaban luciendo pequeños shorts con la intención de broncear sus pálidas piernas –como un ‘claro’ recuerdo del invierno– y la ciudad se volvía un tanto tropical y alegre, como nunca la había visto.
La capital de Perú parecía sufrir una extraña transformación: la gente se preparaba para ir a la playa y en los buses y combis comenzaba a sonar –además de sus corroídas latas– la música tropical que tanto gusta en este país y uno que otro vallenato de Rafael Orozco. Todo parecía más vivo. “¡Manyas!”.
Además, había una canción que sonaba tantas veces en las emisoras que antes de que finalizara el verano casi todos la terminamos odiando:
“Este es el tema del verano, el que vas a cantar y a bailar por todos lados… que se te pega, que se te pega, que se te pega y nunca despega…”, decía uno de sus estribillos. “Horrible, oye”.
En algunas oficinas se empezaba a hablar del horario de verano –en el que solo trabajas medio tiempo–, los estudiantes universitarios comenzaban a tomar cursos de verano y la venta de cervezas aumentaba, así como los comerciales que las promocionaban.
Otros se dedicaban a tirarle agua al prójimo que caminaba desprevenido por las calles, en una costumbre muy tradicional que aquí llaman Carnavales.
Todo eso pasaba desde la víspera de Navidad hasta los últimos días de marzo, cuando termina el verano y el cielo de Lima vuelve a recuperar el tono plomizo que lo caracteriza durante casi todo el año, el tono opaco de casi siempre.
Pero lo que más me gustaba de ese verano, repito, fueron sus atardeceres. Me atraía –y me sigue atrayendo– la manera como el sol se ocultaba en el mar, casi a las siete de la noche, y cómo cambiaban las tonalidades en cuestión de segundos. A ratos amarillo, a ratos rojo, a ratos naranja.
Son tan pocas las veces que uno tiene la oportunidad de ver este espectáculo natural en Medellín o en algún pueblo cercano, que lo que es tan normal para cualquier limeño termina siendo para los extranjeros uno de los mejores atractivos de esta ciudad.
Por eso prefiero aguantarme los casi 30 grados de temperatura que marca el termómetro en este nuevo verano y la pegajosa humedad del ambiente, que el invierno, que casi siempre es demasiado frío y silencioso. Con tal de disfrutar de algunos de estos tantos atardeceres que embellecen parques y calles.
Por eso es que me gustan tanto, aunque no aparezcan en las guías de viaje ni se mencionen en las revistas especializadas. A veces los más obvio y cotidiano es lo más atractivo.


HOLA QUERIDO TIO!
Ya nos conocimos en dos reuniones familiares y me da mucho gusto por Cristina que ya este bien acompanada con su nueva familia.Fijate que lo que acabo de leer en tu testimonio es muy cierto y el domingo pasado fui a pasear con mis hijos a Miraflores y pude ver el sunset como tu dices a eso de las 6 y 45 de la tarde puede apreciar talvez de la misma forma que tu el atardecer en Lima..algo muy lindo!! que para un comun Limeno puede parecer algo normal, pero para mi que estuve fuera del pais por casi 7 anos me parecio un espectaculo de mucha paz.Ahora veo diferente a mi Pais desde que sali de este,seguro cuando regreses a Colombia tu sentiras lo mismo y veras algo lindo en cada cosa que te parecia normal y corriente en Colombia.Bueno sin mas que decirte veo muy interesante tu pagina y espero verlos pronto. BESITOS A MI PRIMITA MA FER.
LOURDES
Ah! te voy a mandar fotos del sunset.
Perú tiene cosas muy bellas, Lourdes. Por eso es tan admirado en el exterior y muchos sueñan con pisar estas tierras. Deberíamos invitar a los que no lo conocen o piensan que estos es solo Laura Bozzo, a que lo hagan y sientan más curiosidad por todo lo que aquí se ofrece. Un montón de saludos.
Hola Rafael, en serio comparto contigo esa opicion de que lima tno tiene que envidiarle nada a los atardeceres de otro paises…cuando es verano y mas o menos a las 6: 00pm me gusta subir al tercer piso de mi casa y observar el ocaso y es amgico proque el sol aparece como una gran naranja que se oculta alla en el horizonte. Me encanta deleitarme con eso, a pesarq soy limeña, no me aburro de ver los atardeceres, cada uno es nuevo e intersante por mi…..
Hola Chio. Sí, en realidad es uno de los más grandes atractivos de Lima. Es natural y lo mejor es que es gratuito. Saludos.