Colombia, un viaje por el Eje Cafetero

La ruta cafetera

Colombia, la tierra del café. Imagen tomada de colombialibre.org

Por Diana María Pachón. Tomado de Revista Travesías

Aún no ha amanecido y sólo se escucha la lluvia cayendo sobre el tejado. Los cafetales se ven como sombras que se extienden confundiéndose con las plantaciones de la guadua —como se llama al bambú de esta zona— y las palmas de plátano. Los gallos no han cantado y los perros: un labrador, un pastor alemán y un gozque (sin raza definida), descansan sobre sucios cobertores en la casa de los trabajadores en la finca La Mina, ubicada en el eje cafetero colombiano (Lugares por conocer, rutas, hoteles y mucho más).

Bajo la lluvia camina la encargada desde la cocina hacia los cuartos con una bandeja que despide un aroma a café recién preparado. Al llegar a una puerta metálica, de color blanco, se detiene y golpea con la mano que tiene libre. Con cara de soñoliento, uno de los trabajadores —un recolector de café— abre la puerta y recibe su taza. La encargada entra en el dormitorio y despierta, uno a uno, a los recolectores que, tras tomar su ración de café, se meten bajo un chorro de agua helada. Uniformados con botas de caucho y cubiertos de los pies a la cabeza con bolsas transparentes para no mojarse, se dirigen a la bodega para recibir un balde, un lazo y una lona, sus herramientas de trabajo.

En ayunas, suben una cuesta y luego caminan un kilómetro hasta llegar a los cafetales. Vista desde lejos, la docena de recolectores parece un grupo de árabes que camina hacia el desierto, con turbantes y mantas plásticas, sólo con los ojos descubiertos y con su costalito al hombro. Al llegar a las plantas, el encargado de surcos le asigna a cada recolector el espacio por el cual debe trabajar. Los costales son abandonados en la vía y, con el balde amarrado a la cintura, desaparecen en el cafetal dejando a su paso el sonido constante de los granos que caen en el recipiente.

Las manos de los recolectores, al principio entumecidas por el frío, ahora son máquinas que se desplazan por las ramas recogiendo el grano maduro; la única regla es recoger sólo frutos rojos o amarillos dependiendo del tipo de planta. Y si a un jornalero se le ocurre recolectar granos verdes se les descuentan de la paga o es expulsado de la finca, pues el café que no ha madurado se ve reflejado en las catas, y la hacienda corre el riesgo de perder el certificado que la autoriza para el cultivo.

En las épocas de cosecha, es decir, en marzo, abril y mayo, o en octubre, noviembre y diciembre, las mujeres también participan en la recolección. Son las llamadas chapoleras, esposas o hijas de los trabajadores, que son consideradas un emblema de la cultura cafetera.

Y a las ocho de la mañana, después de culminado el primer surco, el contenido de los baldes se deposita en las lonas y los recolectores se dirigen a la casa para tomar el desayuno. Frente a la cocina, reciben de manos de la cocinera un plato con arroz, plátano y una masa de harina. En diez minutos ya todos han terminado y regresan a su labor porque, como dicen, el tiempo es oro.

UNA HISTORIA DE PERSEVERANCIA

Después de la desaparición de los últimos descendientes de los indígenas quimbayas en el siglo XVIII, el Viejo Caldas, actualmente territorio conocido como el Eje Cafetero, quedó deshabitado y se convirtió en un terreno selvático y de difícil acceso. En el siglo XIX, después de la independencia de Colombia, oleadas migratorias provenientes de diferentes partes del país, especialmente de Antioquia, buscaron expandir sus dominios y con el hacha en la mano se abrieron camino en medio de la selva para adueñarse del territorio baldío y fundar nuevas poblaciones. La fiebre del oro también contribuyó al expansionismo, ya que muchos de los expedicionarios buscaban enriquecerse a costa del oro enterrado por los indígenas quimbayas.

Hacia 1850, el antiguo territorio indígena pasó a manos de campesinos que se dedicaron a sembrar plantas de tabaco, principal fuente de ingresos en aquella época. Dos décadas más tarde las exportaciones de tabaco decayeron y fue entonces cuando los campesinos buscaron reactivar la economía mediante el cultivo del café. Con el tiempo se formó una clase social compuesta por agricultores, en su mayoría iletrados, que lograron acumular grandes capitales y que entraron a formar parte de la oligarquía nacional.

Mediante el Pacto Mundial del Café, los países productores regulaban la oferta para equilibrar el mercado y Colombia vivió una época de bonanza económica. Pero en los años noventa sobrevino la ruptura del Pacto y, con ello, una feroz competencia entre los países productores por acaparar el mercado. Mientras todos los países exportaban a gran escala, en Colombia la producción empezó a decaer por culpa de los brotes de broca, un insecto que penetra en los granos. El gobierno nacional llegó al extremo de dar incentivos para acabar con los cafetales y sembrar otros productos. Cuarenta por ciento de los caficultores se retiró del mercado y el porcentaje restante, mediante el sacrificio de capitales de miles de dólares, recuperó los cultivos y creó centros especializados para el estudio del café.

DE LA SEMILLA A LA TAZA

Después de diez horas de trabajo los recolectores salen de los surcos para depositar los últimos granos en el costal. “Aunque no hay cosecha, hay trabajito gracias a Dios”, dice Elías mientras se limpia las gotas de sudor que se deslizan por su envejecido rostro. Los hombres dejan de ser máquinas y se vuelven más humanos. Los solteros hablan de dinero, mujeres y trago y los casados del arriendo, los hijos y las deudas por pagar.

Cada uno descarga el bulto en el beneficiadero. Allí, Iván Galvis, el encargado de la finca, pasa los granos a un tanque y prende una máquina llamada despulpadora. Los frutos rojos pasan por un orificio donde son despojados de la cáscara, quedando desnudos y con una capa blanca y gelatinosa. Las semillas de un color amarillento pasan a otra máquina que les quita la baba. Luego, como piedras, caen a un estanque mientras los residuos color vino salen hacia el exterior inundando todo con un olor a fruta podrida que atrae a los mosquitos. Los granos se colocan en un tanque con agua durante cinco días y luego se secan en el silo —una especie de horno para secar las semillas—. Una vez seco, el café se transporta a las trilladoras donde, cada grano, pasa por una serie de máquinas que estudian el tamaño, el color y el peso. Agrupadas las semillas, se almacenan en costales marcados con el sello del país al cual va a ser enviado.

El café se exporta en grano crudo “porque un café que ha sido tostado y se consume días después, ha perdido 60% del aroma y sabor” comenta Luisa María Tobón, campeona regional en la preparación del café. La Federación Nacional de Cafeteros realiza pruebas en los puertos de salida al exterior para certificar la calidad del producto. Primero hacen un análisis físico y de granulometría que consiste en revisar una libra del café empacado: si contiene granos negros o amarillos, si la cantidad de estos granos supera los doce o si contiene más de 12% de humedad, el café se devuelve a su lugar de origen. La siguiente prueba es el estudio sensorial del producto o la cata del café.

En el Centro de Análisis de Catación El Agrado, ubicado en el Quindío, más de tres mil caficultores han sido capacitados acerca de las propiedades sensoriales y generales del café. Los turistas también pueden hacerse partícipes de todo el proceso, desde la siembra de la semilla hasta la prueba de las bebidas. El Centro adaptó una sala en medio de un guadual para atender a los viajeros que desean degustar una taza de café 100% colombiano.

Julián Morales explica cómo se efectúa la cata: sobre una mesa coloca diez tazas tapadas con café previamente tostado y molido, al principio sin agua. Levanta las tapas, introduce la nariz y aspira fuertemente para captar la fragancia, siempre con los ojos cerrados para agudizar el olfato. Algunos desprenden un olor fuerte y amargo, otros son suaves y dulces. Ninguno es igual al otro.

Después de oler el café en seco y con agua, el catador toma una cuchara de acero inoxidable para probar las bebidas —no puede ser de otro material, porque segregaría sustancias que alteran el sabor—. Y, como una aspiradora humana, sorbe la bebida que luego escupe en un recipiente plástico. Entre los sabores que se rechazan para la exportación están: fermentado, vinagre, astringente, sucio y mal tostado.

Los visitantes pueden experimentar el proceso y, de paso, aprender la diferencia entre sabores y olores.

OTROS PLACERES

Desde la cima de la montaña, las plantaciones de café se extienden como una alfombra verde que recubre más de un millón de hectáreas combinadas con pastos, guaduales, tabacaleras y palmas de plátano. El paisaje es una mezcla de verdes de todas las gamas, como una muestra de la fertilidad de sus suelos: claros, oscuros, terrosos, azulosos. Durante el día, las mariposas sobrevuelan los cafetales como flores voladoras: en la región hay más de 400 especies de mariposas, 513 tipos de aves y 86 clases de mamíferos. Y, en materia de flores, puede que aquí se concentre la variedad más impresionante de aves de paraíso y otras heliconias. Pero sobre todo: con alturas que van desde los 800 metros sobre el nivel del mar hasta los cinco mil, la región ofrece una gran gama de opciones turísticas, que van desde el balsaje en embarcaciones de guagua por el río La Vieja, hasta la escalada de montaña.

Quienes quieran aventurarse en la nieve, por ejemplo, pueden hacerlo en el Parque Nacional Natural de los Nevados, cuyas 58 mil hectáreas llegan hasta la cúspide del volcán Nevado del Ruiz. Al inicio del trayecto se ven frailejones de esponjosas flores amarillas que dan vida al entorno gris y lluvioso. Los conejos silvestres se desplazan de un lado a otro o corren alrededor de las lagunas, huyendo de los cóndores y felinos que desean cazarlos. Pero al final del recorrido, todo es blanco: el bullicio de la civilización ha desaparecido por completo y sólo se escucha el viento helado que cruza con una hermosa violencia.

En el espectacular y siempre frío Valle de Cocora, adornado por la Palma de Cera, árbol nacional de Colombia y considerada la palma más alta del mundo, se pueden hacer recorridos a caballo. En los alrededores, en el Cerro de Morrogacho, se han descubierto cementerios indígenas de más de quinientos años de antigüedad pertenecientes a la tribu quimbaya. Y, al caer la tarde, se puede degustar una trucha al ajillo sobre un delicioso y enorme plátano frito, acompañada de un canelazo —bebida de panela (piloncillo) con aguardiente— y descansar en las cabañas o en las zonas de acampar.

Un entorno radicalmente distinto es el del Monte Reserva Natural El Ocaso, en Quimbaya. Ahí se escuchan chillidos provenientes de los monos aulladores: 70 monos comparten más de cien hectáreas comunicándose entre sí mediante gritos agudos. Saliendo de El Ocaso, a unos pocos kilómetros, se encuentra el río La Vieja, cuyas aguas se aprovechan para el balsaje. Y en Génova se puede practicar el parapente, el rappel, el kayak, montar a caballo o andar en bicicleta de montaña. Además de que en Calarcá, a cinco minutos de Armenia, la capital del Quindío, se puede practicar escalada y espeleología.

Y Pijao, un municipio del Quindío, está buscando el certificado del movimiento italiano Cittá Slow, para convertirse en una ciudad sin prisa. Este movimiento protege la gastronomía tradicional y la identidad cultural por encima de los movimientos de globalización. Pijao se ha dedicado durante cinco años a promover entre sus habitantes aspectos culturales que estaban desapareciendo y enseñar a los niños a querer su poblado, lo cual ha hecho de él un gran lugar para el descanso y la contemplación de sus paisajes, y de las garzas que se posan en los árboles del pueblo.

Pero, con todo, pocas actividades son tan imprescindibles como visitar las aguas termales de Santa Rosa de Cabal en una noche fría. La estruendosa cascada natural se detiene en agradables piscinas de distintas temperaturas, dejándolo a uno listo para la mejor noche de descanso posible en una auténtica finca cafetera.

FIN DE LA JORNADA

Para los recolectores, la última comida del día se sirve a las cinco de la tarde en las mesas de cemento. Los trabajadores toman grandes bocados que bajan con agua de panela. Después se retiran a sus dormitorios para descansar porque mañana hay que continuar.

El sol baja y cubre con su manto dorado los cafetales, cuyos frutos esperan ser recogidos, secados, trillados, molidos, en Europa, China o algún país árabe. El café no tiene barreras ideológicas ni sociales. Cruza las fronteras de los países invadiendo restaurantes y bares con su fragancia.

CIFRAS Y LUGARES

Colombia posee el café más suave y de mayor calidad dentro de los principales países productores. Brasil es el mayor exportador de grano del mercado mundial con 27.4%, seguido de Vietnam con 16% y Colombia, con 12 por ciento. Pero según Oscar Jaramillo, director ejecutivo del Comité de Cafeteros del Quindío, los mejores cafés son elaborados en pequeñas cantidades en Etiopía, Guatemala, Costa Rica y Panamá; en estos países no hay una industria para la producción masiva de la semilla.

En todo caso, en Colombia, las plantaciones de café se siembran por todo el territorio nacional desde la Guajira hasta el Nariño. El Eje Cafetero está compuesto por los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda. Noventa por ciento del café se exporta y 10% es para consumo interno: en el proceso de selección de los granos, las máquinas los dividen por peso, tamaño y color. Los granos más selectos se envían a Estados Unidos, Japón, la Unión Europea, Canadá y algunos países de Medio Oriente.

DOS PARQUES FUERA DE SERIE

Buena parte de los adultos que se precien de serlo pondrán en duda la pertinencia de pasar el día en un parque temático. Pues bien, en el caso de los dos principales del eje cafetero colombiano, vale la pena.

Sí, hay paseos para niños, animales, puestos de comida. Pero, en ambos casos, también hermosos paisajes, senderos para recorrerlos, información valiosa e incluso opciones gastronómicas a la altura de cualquier exigencia.

En el Parque Nacional del Café, creado por la Federación Nacional de Cafeteros, se explica, a grandes rasgos, cómo es el proceso e industrialización del grano; ofrece paseos a caballo, una telesilla y la posibilidad de perderse en un bambusario. Y el Parque Nacional de la Cultura Agropecuaria, PANACA, por su parte, es una gran finca con más de 4 500 animales, donde también es posible conocer las principales actividades del sector agropecuario mientras se practica el canopy, la caminata o la equitación.

 

GUÍA PRÁCTICA

CÓMO MOVERSE

El medio de transporte más utilizado desde la Colonia fue la mula, tal y como figura en el logotipo del famoso café colombiano Juan Valdez. Pero en los años cincuenta la mula fue reemplazada por el Willis. Desde entonces, este jeep se ha convertido en el autobús intermunicipal capaz de cargar toda clase de productos y penetrar trochas de difícil acceso. La importancia de este vehículo es tal que cada año se realizan las fiestas del jeepao o “yipao”, en la que se carga a los Willis hasta levantar la parte delantera, quedando suspendidos sobre sus ruedas traseras; y así deben avanzar a lo largo de varios metros.

Claro que si uno no quiere depender de este medio de transporte, algo arriesgado para quienes no están habituados a estas tierras, lo mejor es ponerse en manos de una agencia turística local. O, por lo menos, alquilar un auto equipado con un muy buen mapa y doble tracción.

OPERADORES TURÍSTICOS

GRUPO COLOMBIA TURÍSTICA

Carrera 7 núm. 19-28, edificio Torre Bolívar, oficina 14-02
Pereira (Risaralda)
T. 57 (317) 400 9229 / (315) 416 3982
www.grupocolombiaturistica.com

VIAJES FANTASÍA

Lobby Gran Hotel
Calle 19 núm. 9 -19 Pereira (Risaralda)
T. 57 (317) 325 1314
www.operadorviajesfantasia.com

DÓNDE DORMIR

Las casas de la zona cafetera son una muestra de la organización familiar del siglo XIX hasta mediados del siglo xx, cuando era normal tener hasta una docena de hijos. Debido a que las familias se multiplicaban, las viviendas parecían hoteles, con habitaciones conectadas mediante corredores de madera y balcones que servían para supervisar el trabajo de los recolectores.

El combustible de la cocina era de leña y las paredes de las viviendas se construían con bahareque —material a base de caña brava, estiércol de caballo y barro—. Y la fachada se pintaba de colores fuertes para darle vistosidad en medio del verde de los cafetales.

Actualmente, las haciendas tradicionales —algunas de ellas espléndidas— que se adaptaron para recibir a los turistas mantuvieron la rusticidad de la arquitectura, pero con elementos que brindan comodidad a los huéspedes.

FINCA HOTEL SANTA TERESA

Vía Pueblo Tapao-La Ucrania km 8
T. 57 (310) 423 4297
www.fincahotelsantateresa.com

Habitaciones dobles desde 70 dólares por persona.
Enmarcada con balcones y corredores de madera, esta casa tiene todo el encanto de la antigüedad. En sus paredes de bahareque y en los jardines, parece como si el tiempo se hubiera olvidado de ella. Y alrededor de la casa se pueden apreciar flores exóticas como las heliconias, tumbergias y guayacanes.

HOSTAL PORTAL DEL SAMAN

Vía Armenia-Pueblo Tapao km 13 Finca Villa Dory
T. 57 (310) 456 1990
www.clubhaciendasdelcafe.com
Habitaciones dobles desde 40 dólares por persona.

Desde los balcones se puede observar en las mañanas la blancura de los nevados y durante todo el día los cafetales y las ciudades lejanas. Las ocho habitaciones están decoradas con amplios murales dedicados a la zona cafetera. Y su cocina ofrece platos tradicionales de la región.

HACIENDA COMBIA

Vía al Valle Vereda La Bella km 4 Calarcá, Quindío
T. 57 (310) 250 9333
www.combia.com.co

Habitaciones dobles desde 50 dólares por persona.
Hace 122 años Combia era una hacienda habitada por caficultores que, desde los ventanales de las habitaciones, se deleitaban con la panorámica de las cordilleras y las planicies del valle. Hoy los huéspedes pueden disfrutar de la misma vista mientras se toman un refresco en la piscina o desde el restaurante con columnas de guadua. La Hacienda cuenta también con jacuzzi, sauna, baño turco, spa con tratamientos de reflexología, juegos de mesa y un auditorio para 250 personas.

LAS CAMELIAS

Vía Pueblo Tapao, a 2 kilómetros del Parque Nacional del Café
T. 57 (6) 741 7600
www.camelias.com.co
Habitaciones desde 90 dólares.

Con 85 habitaciones y dos albercas, este coqueto hotel estilo cam-pestre tiene una ubicación inmejorable, a unos pasos del Parque Nacional del Café, y es ideal para quienes viajen en familia.

HACIENDA SAN JOSÉ

Entrada 16, El Tigre,
Vía Pereira-Cerritos km 4
T. 57 (6) 313 2615

Habitaciones desde 120 dólares, desayuno incluido.
Una de las fincas más encantadoras de la zona, donde las vajillas antiguas, las camas de madera labrada y las sábanas bordadas están al alcance del cliente para que las disfrute como propias. Por no hablar del patio con alberca, decorado con patas de elefante, bugamvilias y vista a los paisajes verdes del eje cafetero.

HOTEL DEL CAMPO

Vía Panaca km 7
Quimbaya, Quindío
T. 57 (6) 741 5222
www.hoteldelcampo.com.co

Habitaciones dobles desde159 dólares.
Muy cerca del parque de Panaca, esta finca fue remozada por sus dueños con originales creaciones de madera y guadua. Su comedor tienen una vista espléndida de las plantaciones.

DÓNDE COMER

Si el plato por excelencia de la región es la gigantesca bandeja paisa (carne de cerdo, chorizo antioqueño, chicharrón, huevo estrellado, aguacate, plátano maduro, arepa, arroz, frijoles y “hogao”, una salsa de tomate y cebolla), podemos imaginar el resto: en la región cafetera se come para trabajar el campo. Por eso, en el desayuno, tampoco deben faltar los huevos pericos, guisados con cebolla y tomate.

En las zonas lacustres la trucha es otra constante. Y de postre hay que probar el delicioso dulce de leche con café de la región.

PORTAL DE COCORA

A 100 metros de Salento (Quindío), vía Cocora
T. 57 (315) 547 8872
La especialidad es la trucha canadiense bañada con crema de leche, camarones y champiñones. Para acompañarla hay una variedad de vinos chilenos de reserva y gran reserva. A través de los ventanales que rodean el local, de por sí ubicado en las alturas, se puede observar la fauna y la flora de la región como si se estuviera viendo desde el cielo.

EL SOLAR

Vía Circasia km 2
T. 57 (310) 423 4530

El sabor del eje cafetero se encuentra en El Solar, un sitio que ofrece la mejor sazón en asados, platos típicos y variedad de pescados. La decoración va acorde con la oferta gastronómica: el techo está cubierto con ollas, molinillos y objetos de cestería propios de la región.

Lea en El Espectador: Triángulo con aroma de café

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6 respuestas a Colombia, un viaje por el Eje Cafetero

  1. Excelente articulo, muchas felicidades!!!

    En el mes de abril tuve la oportunidad de viajar a Manizales y visitar parte del eje, conocer y aprender de todo lo maravilloso de esa parte de Colombia.

    Al leer el artículo recordé grandiosos momentos.

    Gracias!!!

    Atte
    Aquiles González Pereyra

  2. maria fernanda taborda alzate dijo:

    hola yo vivi por aya en el año 2000 mis padres se llaman ,hernando taborda y olga alzate, ellos alministraron fincas por aya con el señor eduardo mejia mi numero es 3207581062 y quisiera ir por aya de nuevo maria isabel mejia me enseño ami. y quisiera saber de ella y me gusto todo muy bonito felicitaciones chao espero respuesta en mi correo

  3. Recorrer esta tierra exuberante de belleza, rodeada de un verdor espectacular con la calidez de su gente y sus particularidades tan especiales como los “yipaos” la hacen un buen sitio, incluso, para pensar en ella como un vividero sabroso.

  4. La Posada del Compadre es una hacienda que se convertido en uno de los más tranquilos hoteles en el Eje Cafetero, en Colombia. La Posada, como se conoce este hostal, es un lugar tranquilo, rodeado de naturaleza, en donde podrá encontrar el descanso que tanto anhela al visitar hoteles en el Eje Cafetero. Contamos con 6 cómodas habitaciones que conservan el estilo de los antiguos moradores de esta casa hotel. Igualmente, podrá disfrutar de desayunos típicos de la región y organizar visitas a toda la zona que compone lo que se conoce como el Eje Cafetero, en Colombia. Asímismo, contamos con agradables espacios de descanso y comfort, en donde podrá comprobar porqué hemos sido catalogados como uno de los mejores hoteles del Eje Cafetero.

    Para mayor información sobre nuestro hotel en el eje cafetero, puedes consultar nuestra página web, o comunicarte a los teléfonos mostrados:

    http://www.laposadadelcompadre.com

    313 335 97 71

    info@laposadadelcompadre.com

    Carrera 6ta # 8 06

    Filandia, Quindío

  5. ESTO LES PUEDE ALLUDAR EN tareas o en otras cosas
    Gracias su atencion

  6. les puede alludar en tareas
    Gacias su atencion

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