Por qué venir al Perú: ¡por su comida!

País gastronómico

Si algún viajero leyera este blog cualquier día y me preguntara cualquier día las razones que hay para conocer el Perú, yo le daría todas las que sean suficientes para convencerlo de que este país tiene unas características que lo hacen único y que guarda una magia poco usual. Pero hay una que en este momento atrae mi atención.

Hablar de Machu Pichu es ya casi un lugar común; Cusco es la mejor muestra de nuestro mestizaje latinomericano; el Lago Titicaca es más que un mar que se asienta a cuatro mil metros de altura sobre el mar, y las playas de Cabo Blanco, un sitio para dejarse llevar por la historia poco conocida de Hemingway y su paso por estas tierras: ¡Sí, Hemingway estuvo por aquí! Sobre las Líneas de Nazca, le diría que parecen hechas por dioses y que producen en los visitantes la sensación de que en realidad sí fueron hechas por seres de otros planetas; el desierto no puede ser más imponente para alguien que ha vivido a los pies de la montaña durante toda su vida, y los pueblos de provincia son coloridos caseríos habitados por hombres humildes que reciben al extranjero con un amable saludo.

Pero si hay algo por lo que el turista se sentirá doblemente atraído, será por la gastronomía exquisita que se enorgullecen de tener los peruanos. Porque, la verdad, pocas cosas se comparan con un lomo saltado, un tacu tacu, una papa a la huancaína, un ceviche, o un seco de res, entre muchísimos otros platos. La diversidad de comidas, el amor y el orgullo que el peruano le imprime a cada uno de ellos, así como la manera en que los disfruta: como un ritual sagrado que debe cumplirse cada día con el más fiel fervor, dejan asombrado a cualquier foráneo, incluyéndome.

Son miles los turistas que llegan cada año a este país porque han escuchado hablar del boom gastronómico del Perú, porque han leído en el “todopoderoso” Google que aquí existe un restaurante que le puede ofrecer a sus comensales más de 150 platos diferentes; porque desde la señora más humilde del mercado más humilde, hasta el más reconocido de los chefs de un restaurante de alta cocina, le pueden sorprender con el mejor sabor.

Porque los peruanos aman su cocina. Porque conocen todo su potencial y porque la quieren posicionar en todas las ciudades del mundo. Por eso amigo visitante, no se extrañe cuando en su país escuche hablar de este país, y no precisamente por su Machu Picchu.

Pero antes de que eso suceda, usted podrá tener el tiempo suficiente para pasearse por aquí y darse cuenta que no me he gastado este espacio para halagar un mito o una creencia imaginaria. Lo que aquí aseguro, usted mismo lo verá en las calles y en los miles de restaurantes de Lima, así como en las demás ciudades del interior. Y entonces se dará cuenta que no le estoy contando ni lo mínimo de lo que en realidad sucede. Y lo más probable es que olvide que algún día leyó esto.

Mientras tanto, debo dejarlos. Con permiso, debo ir a cenar con mis amigos peruanos.

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