Perú, día 1

Cuando un viaje es más que un paseo

Aeropuerto José María Córdova de Rionegro Antioquia. 8 a.m. Hace frío, como unos 16 grados. Viajo a Lima, a encontrarme con Cristina, mi novia. Desde hace casi tres meses estoy planeando este viaje y hoy por fin comienzo a cumplir mi objetivo. Dejo varios proyectos para irme a buscar otros. Por eso en mi maleta llevo, además de ropa, ilusiones y deseos de que las cosas marchen bien en esta “aventura”, como han denominado mis amigos esta nueva experiencia que ahora emprendo. 

Al terminal aéreo me acompaña mi madre, quien ve con ojos tristes cómo su hijo menor parte a otro país. Ella no concibe la idea de este viaje. Al principio decía que yo estaba loco, pero poco a poco se hizo a la idea de que en verdad me iba. Le dije muchas veces que como antropólogo que soy, podría estar en un lugar hoy y mañana en otro. Que así es la vida. Que debo aprovechar mis años de juventud y viajar como siempre he deseado. Y ahora que puedo no desaprovecharé esta oportunidad. Se lo digo, pero ella se niega a aceptarlo. Al final, antes de subirme al avión ella intenta no derramar ni una lágrima, pero su sensibilidad de madre le impide negar la sensación de tristeza. Mi voz se quiebra y prefiero darle un abrazo fuerte antes de pronunciar alguna palabra.

El avión parte con destino a Bogotá, donde estaré una hora después, para luego tomar rumbo a Lima. Leo revistas y reviso algunos papeles mientras el avión avanza. Ya en la capital ubico la conexión internacional y al instante ingreso a la sala de espera, casi dos horas antes del vuelo. Poco a poco la sala se llena de más pasajeros que van hacia el mismo lugar. Por sus rasgos digo que son peruanos, pero también hay otros extranjeros: un cubano que trabaja desde hace dos años en una empresa de textiles, en el reconocido distrito de Miraflores; una mexicana que quiere visitar a su esposo, y dos amigos más que la acompañan; un mexicano radicado en Atlanta y su esposa, también peruana.

Todos hacen bromas mientras se acerca la hora del embarque: 1:40 p.m. El tiempo se hace más largo porque según nos indica uno de los empleados de Avianca, el avión que cubre la ruta Bogotá – Lima a esa hora, ha sido retirado de la pista por problemas técnicos. Ahora hay que esperar un rato más antes de que llegue una nueva nave con autorización para despegar. Esa espera se prolonga dos horas más.

Ahora son las 3:40 p.m. y por fin subimos al avión. Los motores se accionan y nos despedimos del suelo colombiano. Muy rápido el avión ya se encuentra en las alturas mientras veo los paisajes de la sabana de Bogotá. En medio de las nubes, que aparecen y desaparecen, se dejan notar los paisajes verdes de las montañas colombianas que cada vez se hacen más densas y despobladas. Y van apareciendo pequeños pueblos y ciudades que, ante los ojos de un desprevenido viajero, no son más que pequeños parques bien delineados. Uno sabe que ha atravesado la frontera porque el panorama comienza a cambiar. Ya no son las mismas montañas que uno ve de niño en los mapas de la escuela, con su intenso verde y prominentes curvas. Ahora, las montañas se hacen más pálidas, pero menos grandes y al final con la misma tarde, van desapareciendo.

Desde aquí arriba, las carreteras son como diminutas líneas grises que desafían la escarpada geografía andina. Cuando las observo, recuerdo que siete meses atrás recorría esas mismas vías en varios tramos que parecían interminables. De Medellín a Lima por tierra fue el plan que nos trazamos un grupos de compañeros de la Universidad. Ahora ese mismo camino pasa ante mis ojos como una historia que se repite a las carreras, más cómoda, más fácil, pero no menos atractiva. Ahora, es solo cuestión de dos horas para llegar al mismo lugar al que antes nos demoramos 72. Ahora, el viaje no es solo para conocer, es también para buscar otras posibilidades y estar al lado de la persona que amo.

Pero aún ahora sigue siendo un lindo viaje, uno más maduro y consciente que el primero, como todo viajero que se enamora del lugar que conoce y al que siempre quiere regresar. El sol brilla al costado derecho del avión. El brillo intenso nos da la sensación de que la tarde va llegando a su fin y nosotros a nuestro destino.

Faltan pocos minutos para aterrizar, pero antes el avión debe atravesar la espesa capa de nubes que cubre la capital peruana. En invierno, como en estos días, el cielo de Lima es un manto gris que no deja ver el sol. La temperatura no supera los 17 grados y la mínima llega a los 14. La excesiva humedad golpea como un bloque de hierro en la piel y las personas prefieren permanecer en sus casas. Todo el país enfrenta una de las temporadas más frías de los últimos años, según se escucha en varios medios; unas 60 personas murieron en junio pasado debido al intenso frío que por estos días se convierte en el peor castigo para los habitantes de la sierra, en el centro y sur del país.  A eso se suma la extrema pobreza de muchas familias de la montaña. Los niños son susceptibles a infecciones como bronquitis y neumonía, y la situación es más extrema cuando la temperatura alcanza los cero grados.

Por fin, a las 6 y 45 de la tarde tocamos suelo peruano y al interior del avión se respira un cierto aire de tranquilidad. De repente un grupo de muchachos de un movimiento cristiano empieza a aplaudir: quieren celebrar porque hemos llegado sin ningún contratiempo en el Boeing 767 de Avianca al país que será mi nueva casa de ahora en adelante.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en General. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Perú, día 1

  1. KELLY dijo:

    !!! QUE BIEN!!!!

    UFFFF COMO DIRIAN AQUI TUS AMIGOS ” PARSE”
    LEI TODO LO DE TU LLEGADA A LIMA Y VOLVI A VIVIR
    ESA ALEGRIA QUE SENTI CUANDO VISITÉ PERÚ. TIENES RAZÓN UNO QUIERE VOLVER A ESE LUGAR LUEGO DE
    HABER ESTADO AHI,,,, ME DIO NOSTALGIA PORQUE QUIERO
    VIVIR AHI NO SE ………….. PERO ME GUSTARIA ESTAR
    EN LIMA TRABAJAR Y ESTUDIAR Y POR QUE NO ! ENCONTRAR PAREJA COMO TÚ!
    PERO EN FIN LA IDEA ERA HACERTE SABER QUE ME LLEGÓ
    AL ALMA ESTE REPORTAJE Y ME SIENTO ORGULLOSA
    QUE SEAS COMPATRIOTA MIO…
    UN ABRAZO A CRIS A LA BEBÉ Y A TI…
    GRACIAS POR ESOS REPORTAJES. MIL GRACIAS

  2. Un abrazo bien grande y cálido para tí, Kelly. Las palabras que escribes me obligan a leer de nuevo este texto y a recordar esos días. Esa sensación de llegar a un lugar desconocido y no saber que le espera a uno no deja de encantar. Bueno, aunque otra cosa muy distinta es enfrentarse con la realidad de una ciudad que también es muy caótica, sucia y a veces peligrosa. Pero todo eso hace parte de la vida y uno aprende a vivir con eso.

    Ya sabes que por aquí tienes un amigo y un lugar a donde llegar, que por aquí te recordamos y que esperamos que muy pronto regreses.

    Un abrazo de los tres y saludos a mi tierra.

    Rafa

  3. carlos dijo:

    Saludos, bueno ahora que vives en Lima si que me podrias ayudar un poco ya que pienso viajar como en junio o julio pero no conzco nada de la ciudad ademas mi viaje es economico y quisiera que me aconsejaras algunos lugares
    mi amigo te agradeceria mucho la info que me puedas proporcionar
    que estes muy bien

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s