Miraflores

Un distrito que rejuvenece

Rafael Alonso Mayo

Decenas de personas caminan por el Óvalo Gutiérrez al atardecer de un viernes de agosto. Son estudiantes, turistas, empleados, artistas, o simplemente curiosos que observan vitrinas y palpan el ánimo de este tradicional distrito limeño.

El tráfico es denso y luego de una mañana fría el sol se muestra complaciente con varios abuelos que se sientan en una de las bancas del parque central. Buses van, buses vienen, tanto o más que las personas que transitan de un lado para otro. Aunque no es muy tarde: apenas las tres.

Parece un día normal en Miraflores, el reconocido distrito de Lima que se convierte en una de las primeras referencias que tienen los extranjeros de una ciudad que apenas comienza a ser reconocida como destino turístico. Mochileros que observan con detalle el movimiento de su entorno; cafeterías que esperan clientes, un antiguo cine donde se exhiben las últimas películas y un McDonald’s que invita a comer hamburguesas por tan solo un dólar, enriquecen el panorama.

Para sus habitantes Miraflores parece morir en su rutina, mientras los visitantes disfrutan de un esporádico recorrido.

Sin embargo, el ambiente pacifista se interrumpe en una de las esquinas del parque principal. Apostados al frente de la Municipalidad, un centenar de trabajadores grita arengas en contra de su alcalde. Denuncian que Manuel Macías ha despedido a más de 550 trabajadores y amenaza con privatizar los servicios públicos.

Lo tratan de “racista, incapaz y corrupto”, y mientras gritan unos 30 policías tratan de proteger con sus cuerpos la fachada del edificio administrativo y varios turistas no dejan de tomarle fotos a una situación que les parece pintoresca.

“Alcalde Macías: ¡escucha, nosotros no te vamos a dejar dormir ni una noche tranquilo!”, grita en coro la masa de personas.

Todo eso es lo que sorprende a quienes por aquí cruzan desprevenidamente a esta hora: que en cualquier momento la cotidianidad y el ruido de la zona quedan de lado y dan paso a los gritos de una furiosa manifestación. Mientras tanto los demás transeúntes miramos pero nadie dice nada.

Lo poco que cuentan las guías de turismo sobre este lugar es que es un distrito turístico y hotelero que tiene grandes zonas comerciales, teatros, cines y galerías de arte. Que hay amplias áreas verdes y que en sus parques los turistas pueden apreciar el trabajo de artesanos, pintores y grupos de música folclórica.

Sin embargo, cuando uno camina por aquí se da cuenta que Miraflores es un lugar más vivo y menos acartonado. Es allí donde la gente encuentra su real belleza.

Porque más allá de que uno vaya caminando por alguna de sus calles y se encuentre con una huaca –reservas arqueológicas que en épocas pasadas eran para los indígenas lugares de culto y de adoración–, lo valioso es que esa diversidad de caminantes enriquece el panorama y Miraflores rejuvenece.

Datos de interés

 El distrito fue fundado el 2 de enero de 1857.

Entre sus lugares turísticos se destacan La huaca Pucllana, uno de los centros ceremoniales más importantes de la Cultura Lima; el Museo Amano, con una selecta muestra de piezas arqueológicas de las culturas Kotosh, Moche, Chimú, Cupisnique y Nasca, y su colección de tejidos prehispánicos; además el Museo Enrico Poli, una colección privada en la que se exhiben objetos precolombinos y coloniales de oro y de plata.

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Una respuesta a Miraflores

  1. Francisco Bautista Pérez dijo:

    Cuando le cuente mis vivencias en Miraflores, antes le tendré que hablar del capitán del B 757 de AeroMéxico, Adalberto del Castillo, todo un personaje. El me permitió ir a la cabina de mando y pude ver las coordenadas cuando estaban en cero absoluto, es decir al cruzar la línea del Ecuador. Marineros y aviadores han forjado rituales e historias en torno a ese hecho y le aseguro que no tienen desperdicio. Con el capitán también visitamos el Museo del Oro y muchos sitios de Lima, incluido el restaurant La rosa náutica. En fin, que tampoco basta este pequeño espacio para rememorar tan ricas experiencias. Reciba un abrazo cordial desde Quintana Roo, México, donde se recuerda con mucho cariño al escultor colombiano Rómulo Roso

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