Las cataratas de Iguazú

Paseo obligado

Cataratas de Iguazú

Por Ramiro Velásquez Gómez. Tomado de elcolombiano.com

A lo lejos, camino del aeropuerto hacia Puerto Iguazú, la especie de bruma que supera las copas de los árboles de la inmensa selva paranaense es la primera señal de un espectáculo natural sin par.

Las cataratas de Iguazú, 270 saltos de hasta 80 metros formados por la caída de las aguas del río de ese nombre, casi todos en territorio argentino, son el paseo obligado. Pero no el único.

El avión de LAN transporta desde Buenos Aires, durante casi 90 minutos, pasajeros de distintos continentes. Se distinguen europeos y orientales. Pero hay brasileños, colombianos, visitantes llegados de lejanas tierras a conocer una de las maravillas del planeta Tierra.

Pero del lado brasileño también pasan muchos por el puente que comunica los dos países.

Gastón Monsalve, uno de los directores del Ente Municipal de Turismo Iguazú, cuenta que el año pasado el parque recibió 1 millón de visitantes. Una cifra que año a año crece.

En un día, de manera apretada, o mejor en dos, se recorre esta maravilla terrestre, que merece ser degustada, saboreada.

Bien desde un circuito inferior por medio de senderos seguros que descienden entre árboles, abundante vegetación y agua, mucha agua en forma de gotitas por millones que el viento entrega a los caminantes, recorrido para apreciar desde abajo saltos como el Alvar Núñez, las Dos Hermanas y el Bosetti.

O por un circuito superior, más corto, que conduce al mismo Bosetti y al Bernabé Méndez y a verlos desde el sitio por el cual las aguas se desprenden con un rugido que nunca acaba.

Son senderos a los que se llega en un tren turístico a través de la abundante vegetación, tren que también conduce a la estación Garganta del Diablo, desde la que se inicia una inolvidable caminata sobre una sucesión de puentes, casi todo el trayecto sobre caudalosas aguas, para encontrarse al final con un espectáculo difícil de describir.

Como si fuera en verdad una garganta sedienta, las aguas del Iguazú descienden unos metros desbocadas por esa especie de ducto corporal, queriéndose salir, para caer luego por el gran salto: ¡1.200 metros cúbicos de agua por segundo!

Es lo más promocionado. Y lo que acaba de justificar la entrada a un parque administrado por la concesionaria Empresa Iguazú Argentina, cuenta Claudio Altamirano, uno de los incontables miembros del equipo que supervisa que todo marche bien y que el turista encuentra continuamente.

Pero Iguazú no es solo eso. La ciudad se ha organizado para atender al turista. Hoteles de gran categoría como el Iguazú Grand Hotel, situado a la entrada de la pequeña ciudad de unos 45.000 habitantes, son una invitación al descanso.

Un resort que cuenta con un gran casino en área independiente, que todas las noches recibe numerosos turistas ávidos de jugar su suerte o sólo darse una pasada por el ambiente acogedor.

O como el Hotel Saint George, en la zona central, en un espacio acogedor con un buen restaurante donde se disfruta de sabrosos platos locales e internacionales, Cuenta con 100 habitaciones, dice Yamila Chemes, gerente de Reservas.

De los mismos propietarios es La Aldea La Selva Lodge, inmerso en la selva paranaense, que invita a la aventura, al amor y al descanso. Con cabañas en medio de la vegetación, dispone de recorridos para congraciarse con la naturaleza y practicar deportes extremos como el canopy, la tirolesa, la escalada y el rappel, con el atento acompañamiento de personal experto.

Y, de reciente apertura, el Loi Suites Iguazú, situado en la misma zona boscosa, una llamativa construcción de bloques y habitaciones comunicadas por puentes, desde donde se aprecia todo el verdor que entregan 600 hectáreas de selva de este rincón del parque, con un acogedor spa construido con lujo de detalles en un ambiente que aprovecha la presencia de una gran roca.

Es Puerto Iguazú, que en punto de frontera tiene un Duty Free, con reconocidas marcas, paso casi obligado de todos los turistas.

Una especie de paraíso en un extremo de Argentina, provincia de Misiones, en donde la naturaleza invita al éxtasis.

La confluencia de tres países

El Parque Nacional Iguazú es una inmensa reserva con 67.000 hectáreas. Las cataratas son compartidas con Brasil, que tiene muchos menos saltos, aunque una vista imponente sobre el lado argentino. Desde las afueras de la ciudad, el Panoramic Hotel, por ejemplo, es uno de los sitios que ofrece una vista de la confluencia de los ríos Iguazú y Paraná en donde se reúnen Paraguay, Brasil y Argentina. Este y otros atractivos los promociona en el mundo Destino Argentina, reunión de actores privados comprometidos con el turismo en y hacia Argentina.

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