Crónica del mes

 

Manuel Jesús Orbegozo va a la guerra 

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“Hay que estar a la expectativa porque hoy o mañana invaden Campuchea (Camboya)”, le dijo el líder comunista de ese país, Pol Pot -uno de los genocidas más grandes del Siglo XX- al periodista peruano Manuel Jesús Orbegozo, 48 horas antes de de ser derrocado del poder, en diciembre de 1978.

Orbegozo no se inmutó, aunque sabía que estaba en un país en guerra y que las cosas se podrían complicar.

Una noche antes habían asesinado allí al escritor Malcom Caldwell y a su esposa, con quienes había asistido al cine, y él podría ser la próxima víctima.

“Y (Pol Pot) ordenó que me llevaran en ese mismo momento al aeropuerto para mandarme a China”, recuerda el octogenario periodista, que hoy es reconocido como el padre de los nuevos periodistas peruanos.

De eso han pasado casi tres décadas y las historias que este hombre ha acumulado como reportero del mundo, en más de 50 años de ejercicio periodístico, parecen interminables.

Orbegozo tiene 85 años de edad, piel trigueña y una barba de varios días. Mide menos de un metro con sesenta y en esta tarde de jueves remueve con curiosidad un inmenso bloque de periódicos en los que han aparecido sus historias. A pesar de su edad, conserva intactos los recuerdos que le han dejado sus viajes y aventuras por el mundo.

De su biblioteca saca un álbum de fotos, lo abre y me enseña algunas donde aparece al lado de varios de los personajes con los que ha conversado. Su mente parece confundirse entre tantos recuerdos, entre tantas imágenes.

“Aquí estoy con Neruda”, me cuenta con modesta sonrisa y de inmediato pasa la página donde se encuentra al lado de Ernest Hemingway por quien, asegura, guarda una gran simpatía. “Para mí ha sido uno de los mejores, porque tiene todititos los defectos del hombre y también las virtudes y bondades”.

Orbegozo ha dado nueve veces la vuelta al mundo. Viajó 30 veces a París y 31 a Madrid. Pisó nueve veces China, recorrió más de cien ciudades y entrevistó a los más importantes personajes que han marcado nuestra historia reciente.

Sentado en el escritorio de su amplia biblioteca, voltea la página del álbum y señala la foto en la que aparece con Gabriel García Márquez, a quien entrevistó en Estocolmo, un día después de haber recibido el Nobel de Literatura. “Camine Orbegozo y me acompaña que voy a recibir el cheque”, le dijo el autor de Cien Años de Soledad.

“¡Puchaaa!”, se estremece mientras lee el cable que redactó ese día.

Como esa, tiene una anécdota para cada entrevistado, que no son pocos: Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Yaser Arafat, Cantinflas, Pelé y hasta la Madre Teresa de Calcuta, respondieron una que otra pregunta “casual”, de las que poco hacen los periodistas.

“¿Usted lleva dinero en su bolso, Madre?”, le preguntó a la santa mientras la acompañaba en un auto por las calles de Lima. Y a ella, parece, no le gustó mucho su pregunta: “Nunca llevo dinero”, le respondió un poco enfurecida pero al final sacó un rosario de su bolso y se lo obsequió.

Me cuenta que ese rosario fue el que lo curó de un cáncer que en 1995 le diagnosticaron los médicos.

Pero sin duda, afirma que uno de los personajes más difíciles de entrevistar fue el escritor mexicano Juan Rulfo, quien lo citó a las once de la noche en el hall del hotel donde se hospedaba en Lima y no llegó hasta después de las tres de la mañana, “bien borracho” y con ganas de esquivar al periodista. “Esa entrevista se salvó porque apenas salió publicada el Embajador de México llegó a pedirme disculpas”, confiesa.

Cuando Orbegozo habla parecen pasar por mi mente, como escenas de alguna película, muchos momentos históricos de lo que fue el siglo XX.

Orbegozo trabajó para los diarios peruanos La Crónica, El Peruano y Expreso y durante más de 30 años fue jefe de redacción del Suplemento Dominical de El Comercio –el diario más importante de este país– para el que cubrió iinumerables cumbres y varias guerras.

Vivió los horrores de la guerra en Biafra (Nigeria) y en Vietnam y estuvo en el conflicto del Golfo Pérsico (el de Bush padre). Conoció de cerca la miseria de muchos pueblos africanos y aunque le ha impactado la muerte y la destrucción que un conflicto deja a su paso, suele decir que lo que más le ha asombrado es la capacidad que tiene el hombre para hacer el bien y el mal.

“¡Las guerras son implacables! Yo le tengo mucho miedo a las guerras”, exclama. “Estos pedazos de piedra son del Muro de Berlín y más allá hay unas hombreras de un pobre palestino al que le cayó una bomba y le reventó el vientre”, recuerda con amargura, como si hubiera sido ayer.

Orbegozo caminó por lugares soñados como la Gran Muralla China, las pirámides de Egipto y el Tal Majal, pero aún así el lugar que más le eriza la piel es su natal Otuzco, la lejana provincia del norte peruano de donde se marchó a los 15 años para formarse como militar y después, por esas cosas del destino, ser periodista.

En este oficio conoció el poder de la denuncia y la fiscalización y aprendió a no publicar nada sin antes haberlo verificado. Asegura que una de las grandes lecciones cotidianas del periodismo “es pensar siempre en mejorar la sociedad”.

Luego de recordar a varios personajes, cierra el álbum de fotos y desempolva algunos de los 11 libros que ha escrito. “Testigo de sus tiempos: conflictos, Tian Anmen: la otra cara de la moneda, Reportaje a la China y Periodismo: texto de teoría y práctica”, son algunos de sus títulos.

Además, cuenta que está preparando una autobiografía y que quisiera publicar un libro con 300 de las fotografías que ha tomado en su trasegar por el mundo.

Y antes de despedirse me recuerda esa sentencia que ha escrito en varias revistas: “Amo tanto mi profesión que quisiera escribir una crónica donde doy la noticia de mi propia muerte”.

congarci “Camine Orbegozo y me acompaña que voy a recibir el cheque”, le dijo García Márquez un día después de recibir el Premio Nobel. 
orbegozo_hoy1 Con 85 años de edad, Orbegozo aún conserva la lucidez de sus años como periodista. 
con_hemingway El entonces periodista del diario La Crónica fue uno de los pocos reporteros que entrevistó a Ernest Hemingway cuando viajó a Perú. 
orbegozo_y_la_madre_teresa Recorrió las calles de Lima con la Madre Teresa de Calcuta. 
con_pablo_neruda Solía entrevistar a los personajes más importantes que llegaban a la capital del Perú. Pablo Neruda fue uno de ellos. 
 
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 Perú está de moda

 

_RET0226 por Raúl Egúsquiza ®.

 

Por Juan Pablo Meneses desde Lima, Perú.

Tomado de http://www.elmercurio.com

El último boom limeño es la cumbia. Todos hablan de eso, y se escucha y baila en los barrios populares y en discotecas chic. La moda explotó hace poco y nadie la frena: hay récords de ventas y los ‘cumbieros’ son fotografiados en revistas dirigidas al ABC1 peruano. Apenas uno llega a Lima, ve dentro del aeropuerto Jorge Chávez una gigantesca fotografía del Grupo 5 –la banda emblema de esta moda–, que bajo el auspicio de una compañía de celulares da la bienvenida a la ciudad donde todos, tarde o temprano, hablan de un boom.

–Y además de la cumbia, hay boom inmobiliario ¿no?– pregunté, estos días en Lima. 

–Claro, igual que en Caracas o Bogotá, pero acá los precios del metro cuadrado han subido en un porcentaje mayor que en las otras ciudades– me dijeron varios.

–También hay un boom literario, ¿no?– pregunté otra vez.

 

–Eso lo han dicho The Guardian y The New York Times en grandes reportajes. Citan autores jóvenes como Santiago Roncagliolo y Daniel Alarcón, la generación intermedia de Alonso Cueto y la vigencia de Mario Vargas Llosa. También mencionan el auge internacional de los nuevos cronistas y de la revista Etiqueta Negra. Sin dejar de lado las editoriales: hoy Lima tiene tantas o más editoriales independientes que Buenos Aires– me dijeron varios.–También hay boom del turismo ¿no?– pregunté otra vez.

–Claro, aunque se supone que el crecimiento más fuerte será entre la mitad del 2009 y el 2010– me dijeron varios.

–También hay un boom gastronómico ¿no?– pregunté otra vez.

–Ése es el principal. El auge de la comida peruana ha sido destacado en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica. Han venido todos los canales de televisión de comida a hacer especiales. Nuestros chefs tienen fama internacional, la comida peruana ya es una marca mundial. Y también hay un boom interno. Hasta hace poco, los restaurantes limeños eran sólo para la aristocracia. Hoy va mucha más gente, todas las semanas– me dijeron varios en estos días de recorrido por Lima, la ciudad donde la verdadera moda es la palabra boom.

Un sándwich. Después de varios días en Lima y su destape gastronómico, dan ganas de comerse un sándwich. En estas jornadas he probado cebiches con salsas de colores, cortes de sushi-fusión con mezclas insólitas, carnes agridulces, chupes boutique, nuevo ají de gallina y todo tipo de chifas (en Lima hay más de 3 mil chifas, como se le llama a los restaurantes chino-peruanos). Por eso, este mediodía de domingo sólo quiero un bendito sándwich.

Camino por Miraflores, un tradicional y próspero barrio limeño.Voy por la calle Comandante Espinar , rumbo al óvalo (rotonda) Gutiérrez, donde hay un multicine, una iglesia y un casino lleno de tragamonedas. Ahí comienza San Isidro: otro barrio donde se nota el auge económico (edificios nuevos, restaurantes caros, arreglo de calles). En el número 651 de Espinar hay un cartel enorme que dice ’sanguchería’. Es lo que ando buscando, para dejar de sentirme un cebiche-victim. Hay poca gente en la fila. El lugar es moderno, tiene cajeras que hablan por micrófono y diferentes tipos de sándwiches. El sitio se llama Pasquale, así que pido ‘un lomo saltado Pasquale, para comer aquí, y una Inca Kola’.

Salgo pensando que, aunque sea por una comida, he podido escapar del boom gastronómico. Horas más tarde, descubro que no ha sido así. Sucede cuando le comento a un amigo limeño que almorcé un sándwich ‘buenazo’ en Pasquale.

–Ah, claro que la conozco, es la sanguchería de Gastón Acurio– me dice, nombrándome a la cara más famosa del auge internacional de la comida limeña.

 

Acurio, que ha formado una suerte de imperio internacional a partit del cebiche, y que en Santiago tiene una sucursal de su exitoso restaurante Astrid & Gastón y acaba de inaugurar la primera sede chilena de La Mar, siempre está presente en esta nueva Lima. Tarde o temprano aparece, aunque trates de escaparte.Es difícil explicar el repentino auge de una comida ancestral como la peruana. Una gastronomía con influencias de cuatro continentes y que ha logrado, gracias a su fama, darle identidad a Lima. Perú siempre ha atraído una gran cantidad de turistas extranjeros –a Machu Picchu, elegida el año pasado entre las nuevas 7 maravillas del mundo, habría que agregar íconos turísticos como el Amazonas– pero hasta hace unos años, los visitantes apenas pasaban unas horas por Lima. Hoy se quedan en promedio, tres noches. Es decir, tres cenas.
El peruano Julio Villanueva Chang, fundador de la revista Etiqueta Negra, tiene su propia visión del auge.

 

–En Lima se come comida local como en pocas ciudades del mundo. Sin habérselo propuesto, hoy Perú está haciendo con México lo que España hizo con Francia: acabar con el monopolio de ser la mejor comida de un continente.

En la Lima de hoy, los restaurantes han adquirido un estatus que va más allá del gastronómico. Esta noche, por ejemplo, el famoso Pescados Capitales tiene la cocina cerrada y sin embargo está repleto de limeños. El motivo es la presentación del libro Toque de queda, de Raúl Tola: un famoso y mediático conductor de televisión, que acaba de publicar un conjunto de cuentos ambientados en los años de Sendero Luminoso. Es decir, la Lima de ayer.

Sobre las mesas del Pescados Capitales hay copas y botellas de vino. El bar está abierto, y hay un micrófono por el que hablan amigos y conocidos del autor.

–El libro refleja muy bien esos años de bombas, de apagones, cuando en mitad de la noche Lima se iluminaba con los reflejos de una nueva explosión. Hay un cuento donde el protagonista está en su casa, en mitad de un apagón, y en eso entran unos terroristas con linternas y le alumbran la cara– dice Phillip Butters, periodista de la televisión peruana y uno de los encargados de presentar Toque de queda.

Aquí están los nuevos rostros de la televisión local mezclados con gente como Antonio Cisneros , el poeta vivo más importante de Perú. Hay modelos rubias, periodistas extranjeros y escritores.

Todos los presentadores son jóvenes y dicen más o menos lo mismo: crecimos en una ciudad azotada por el terrorismo, y es bueno no olvidarse de aquello.

 

–Esto parece un homenaje a Fujimori– comento en voz alta en la mesa, en mitad de la presentación. Según muchos, Perú comenzó a cambiar cuando el gobierno de Alberto Fujimori barrió con Sendero Luminoso. Hoy, Fujimori está preso.La respuesta me sorprende:
–Escribir de Sendero Luminoso se está convirtiendo en un nuevo boom.La respuesta me la da la dueña de una empresa de comunicaciones, y viene acompañada de una explicación:

 

 

 –El que puso de moda eso fue Santiago Roncagliolo, cuando ganó el premio de novela Alfaguara a los 33 años con Abril Rojo, la novela donde habla del gobierno de Fujimori y su lucha contra Sendero. Ahora todos escriben de eso: o del rescate de la embajada, o de los videos, o de los años de las bombas.

 

Luego de los discursos comienza una fiesta en el restaurante. Al rato cae todo el elenco del programa boom de la TV: la versión peruana de Bailando por un sueño. El bar sigue abierto. Raúl Tola, el conductor de televisión, parece feliz de que ya no exista toque de queda.

Siempre se supo poco de Lima. Su apodo de ‘Lima la horrible’ parecía hecho a la medida, aunque recién ahora asoma como una subvaloración de su vida cultural. Hasta hace una década, Lima era conocida por pocas cosas: el cebiche (con b, como les gusta a los peruanos), Sendero Luminoso y Vargas Llosa.

Hoy el cebiche está de moda, escribir de los años de Sendero está de moda y, frente a todos esos celulares que le sacan fotos y a esa multitud que lleva libros para que los firme, está Vargas Llosa. Es el último día de la edición 13 de la Feria Internacional del Libro de Lima, y un par de policías custodia a uno de los escritores más importantes de Latinoamérica. Intento acercarme, pero el tumulto es una pared. Vargas Llosa parece una estrella de rock, o un actor de telenovelas.

De pronto el autor de Pantaleón y las visitadoras deja de firmar libros y, rodeado de cámaras, se va por un pasillo largo hasta el auditorio. Lo sigo. Llevo en el cuello mi credencial de autor invitado (vine a presentar La vida de una vaca, y tengo ganas de que sea un boom).

Hay 800 personas sentadas, más muchas que lo escucharán de pie. Vargas Llosa sube al escenario y todos aplauden. Estamos aquí para el lanzamiento del libro Las guerras de este mundo, que recoge ensayos sobre su obra de autores como Alonso Cueto, Jorge Edwards, Enrique Krauze, José Miguel Oviedo, Nélida Piñón y Antonio Tabucchi.

Además de cerrar la feria del libro, Vargas Llosa será el presidente del jurado del Festival Internacional de Cine que comienza la misma semana en Lima, y estará presente en la Universidad Católica donde se inaugurará una gran retrospectiva de su obra, con objetos originales hasta ahora nunca expuestos. La actividad cultural limeña está en auge y Vargas Llosa es, nuevamente, protagonista del boom.

El Juanito es un bar de Barranco, la zona bohemia de Lima. El lugar, frecuentado por vecinos históricos, jóvenes artistas y escritores con ganas de hacer historia, es lo que en Perú se llama huarique, una picada.

En el Juanito me encuentro con Juan Manuel Robles , autor del libro Lima Freak, donde asoman insólitos personajes. Como Laura Bozzo, la animadora que pasó su arresto domiciliario –por nexos con Vladimiro Montesinos– dentro de un estudio de TV, para seguir con su programa diario.

Robles, quien viste de negro y saluda levantando cejas, ganó un concurso de cuentos gastronómicos con el relato Huancaína Freak. Y ahí describe a Lima: ‘Vivo en una ciudad enferma, trastornada por la comida, adicta a los orgasmos del paladar. Todos cocinan, todos dicen haber creado un plato, todos tragan y todos son críticos: comer es un carnaval permanente y una explosión demencial’.

Entre los jurados del concurso estaba Gastón Acurio.

–El verdadero boom es que hay más consumo– dice Robles, y pide otra ronda de cervezas.

Noches más tarde, en el restaurante El Señorío de Sulco, de Isabel Álvarez (madre del chef Flavio Solórzano, inventor del helado de coca), comparto un pisco sour con Daniel Titinger, autor del libro Dios es peruano (imitado en Chile con Dios es chileno) y que tiene un perro llamado Pisco. Y me dice:

–Es cierto lo del boom. Pero tienes que tener cuidado en qué esquina doblas. Por ahí, te equivocas y te sales del boom.

Los expertos económicos dicen que lo mejor del crecimiento peruano está por venir. Que el auge de una industria arrastrará consigo a otras. El entusiasmo tocó techo hace unas semanas, cuando el presidente Alan García dijo que Perú debía postular para organizar los Juegos Olímpicos de 2016.

Por ahora, en el bar el Dragón de Barranco, como todos los miércoles en la noche, lo que de verdad está en alza es el ritmo que pone el DJ, que mezcla música electrónica de hoy y éxitos de los 80. Los limeños saltan y levantan los brazos, disfrutando sin importar si la música es de la época de las bombas de Sendero o del actual boom del Grupo 5, los reyes de la cumbia.

Manuel Jesús Orbegozo va a la guerra 

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“Hay que estar a la expectativa porque hoy o mañana invaden Campuchea (Camboya)”, le dijo el líder comunista de ese país, Pol Pot -uno de los genocidas más grandes del Siglo XX- al periodista peruano Manuel Jesús Orbegozo, 48 horas antes de de ser derrocado del poder, en diciembre de 1978.

Orbegozo no se inmutó, aunque sabía que estaba en un país en guerra y que las cosas se podrían complicar.

Una noche antes habían asesinado allí al escritor Malcom Caldwell y a su esposa, con quienes había asistido al cine, y él podría ser la próxima víctima.

“Y (Pol Pot) ordenó que me llevaran en ese mismo momento al aeropuerto para mandarme a China”, recuerda el octogenario periodista, que hoy es reconocido como el padre de los nuevos periodistas peruanos.

De eso han pasado casi tres décadas y las historias que este hombre ha acumulado como reportero del mundo, en más de 50 años de ejercicio periodístico, parecen interminables.

Orbegozo tiene 85 años de edad, piel trigueña y una barba de varios días. Mide menos de un metro con sesenta y en esta tarde de jueves remueve con curiosidad un inmenso bloque de periódicos en los que han aparecido sus historias. A pesar de su edad, conserva intactos los recuerdos que le han dejado sus viajes y aventuras por el mundo.

De su biblioteca saca un álbum de fotos, lo abre y me enseña algunas donde aparece al lado de varios de los personajes con los que ha conversado. Su mente parece confundirse entre tantos recuerdos, entre tantas imágenes.

“Aquí estoy con Neruda”, me cuenta con modesta sonrisa y de inmediato pasa la página donde se encuentra al lado de Ernest Hemingway por quien, asegura, guarda una gran simpatía. “Para mí ha sido uno de los mejores, porque tiene todititos los defectos del hombre y también las virtudes y bondades”.

Orbegozo ha dado nueve veces la vuelta al mundo. Viajó 30 veces a París y 31 a Madrid. Pisó nueve veces China, recorrió más de cien ciudades y entrevistó a los más importantes personajes que han marcado nuestra historia reciente.

Sentado en el escritorio de su amplia biblioteca, voltea la página del álbum y señala la foto en la que aparece con Gabriel García Márquez, a quien entrevistó en Estocolmo, un día después de haber recibido el Nobel de Literatura. “Camine Orbegozo y me acompaña que voy a recibir el cheque”, le dijo el autor de Cien Años de Soledad.

“¡Puchaaa!”, se estremece mientras lee el cable que redactó ese día.

Como esa, tiene una anécdota para cada entrevistado, que no son pocos: Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Yaser Arafat, Cantinflas, Pelé y hasta la Madre Teresa de Calcuta, respondieron una que otra pregunta “casual”, de las que poco hacen los periodistas.

“¿Usted lleva dinero en su bolso, Madre?”, le preguntó a la santa mientras la acompañaba en un auto por las calles de Lima. Y a ella, parece, no le gustó mucho su pregunta: “Nunca llevo dinero”, le respondió un poco enfurecida pero al final sacó un rosario de su bolso y se lo obsequió.

Me cuenta que ese rosario fue el que lo curó de un cáncer que en 1995 le diagnosticaron los médicos.

Pero sin duda, afirma que uno de los personajes más difíciles de entrevistar fue el escritor mexicano Juan Rulfo, quien lo citó a las once de la noche en el hall del hotel donde se hospedaba en Lima y no llegó hasta después de las tres de la mañana, “bien borracho” y con ganas de esquivar al periodista. “Esa entrevista se salvó porque apenas salió publicada el Embajador de México llegó a pedirme disculpas”, confiesa.

Cuando Orbegozo habla parecen pasar por mi mente, como escenas de alguna película, muchos momentos históricos de lo que fue el siglo XX.

Orbegozo trabajó para los diarios peruanos La Crónica, El Peruano y Expreso y durante más de 30 años fue jefe de redacción del Suplemento Dominical de El Comercio –el diario más importante de este país– para el que cubrió iinumerables cumbres y varias guerras.

Vivió los horrores de la guerra en Biafra (Nigeria) y en Vietnam y estuvo en el conflicto del Golfo Pérsico (el de Bush padre). Conoció de cerca la miseria de muchos pueblos africanos y aunque le ha impactado la muerte y la destrucción que un conflicto deja a su paso, suele decir que lo que más le ha asombrado es la capacidad que tiene el hombre para hacer el bien y el mal.

“¡Las guerras son implacables! Yo le tengo mucho miedo a las guerras”, exclama. “Estos pedazos de piedra son del Muro de Berlín y más allá hay unas hombreras de un pobre palestino al que le cayó una bomba y le reventó el vientre”, recuerda con amargura, como si hubiera sido ayer.

Orbegozo caminó por lugares soñados como la Gran Muralla China, las pirámides de Egipto y el Tal Majal, pero aún así el lugar que más le eriza la piel es su natal Otuzco, la lejana provincia del norte peruano de donde se marchó a los 15 años para formarse como militar y después, por esas cosas del destino, ser periodista.

En este oficio conoció el poder de la denuncia y la fiscalización y aprendió a no publicar nada sin antes haberlo verificado. Asegura que una de las grandes lecciones cotidianas del periodismo “es pensar siempre en mejorar la sociedad”.

Luego de recordar a varios personajes, cierra el álbum de fotos y desempolva algunos de los 11 libros que ha escrito. “Testigo de sus tiempos: conflictos, Tian Anmen: la otra cara de la moneda, Reportaje a la China y Periodismo: texto de teoría y práctica”, son algunos de sus títulos.

Además, cuenta que está preparando una autobiografía y que quisiera publicar un libro con 300 de las fotografías que ha tomado en su trasegar por el mundo.

Y antes de despedirse me recuerda esa sentencia que ha escrito en varias revistas: “Amo tanto mi profesión que quisiera escribir una crónica donde doy la noticia de mi propia muerte”.

congarci “Camine Orbegozo y me acompaña que voy a recibir el cheque”, le dijo García Márquez un día después de recibir el Premio Nobel. 
orbegozo_hoy1 Con 85 años de edad, Orbegozo aún conserva la lucidez de sus años como periodista. 
con_hemingway El entonces periodista del diario La Crónica fue uno de los pocos reporteros que entrevistó a Ernest Hemingway cuando viajó a Perú. 
orbegozo_y_la_madre_teresa Recorrió las calles de Lima con la Madre Teresa de Calcuta. 
con_pablo_neruda Solía entrevistar a los personajes más importantes que llegaban a la capital del Perú. Pablo Neruda fue uno de ellos. 
 
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Una respuesta a Crónica del mes

  1. No mojes que no hay quien planche “roto”. Te creo a medias, eso también es un boom.

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